Un América que perdió la memoria: seis fracasos y un futuro en duda

Hay equipos que, por historia, grandeza y exigencia, no tienen permitido fallar tantas veces en tan poco tiempo. El Club América es uno de ellos. Y el 2025 quedará marcado como un año en el que las Águilas, acostumbradas a volar en lo más alto, se desplomaron en picada sin encontrar respuesta, dirección ni solidez. Lo sucedido el sábado por la noche en el Estadio Ciudad de los Deportes no es un episodio aislado, sino la conclusión lógica de un año donde el equipo se volvió irreconocible.
Una eliminación que duele más por el contexto que por el marcador
El América estuvo a cinco minutos de consumar una remontada que habría salvado, al menos en parte, la dignidad deportiva de un club obligado a trascender. Había perdido 2-0 la ida ante Monterrey; tenía que ganar por el mismo marcador para avanzar gracias a su posición en la tabla… y lo estaba logrando.
Pero este equipo se ha acostumbrado a fallar en los momentos clave.
Un cabezazo de Germán Berterame al minuto 93 evaporó las ilusiones, desnudó las fragilidades defensivas y sentenció una eliminación prematura que dejó a la afición entre la frustración, la ira y el desconcierto.
Era la primera vez que André Jardine quedaba fuera en cuartos desde que llegó a Coapa. Y tal vez la eliminación menos sorpresiva de todos sus tropiezos recientes.
Un año para el olvido: seis torneos, seis fracasos
Donde antes había consistencia, ahora hay tropiezos. Donde antes se hablaba de hegemonía, hoy se habla de crisis.
El recuento de fracasos es tan contundente que no admite matices:
1. Concacaf Champions Cup: Eliminado por Cruz Azul en cuartos (global 2-1).
2. Final del Clausura 2025: Derrota frente al Toluca (global 2-0).
3. Clasificación al Mundial de Clubes: Perdida ante LAFC (2-1).
4. Campeón de Campeones: Caída nuevamente ante Toluca (3-1).
5. Leagues Cup: Eliminados en fase de grupos sin un solo triunfo.
6. Apertura 2025: Eliminación en cuartos frente a Monterrey.
Para un club cualquiera esto sería un tropiezo.
Para el América es un terremoto institucional.
El discurso del “seguimos compitiendo” ya no alcanza. Las formas pesan, los momentos pesan, y la sensación general es que este América no solo dejó de ganar, sino que dejó de intimidar. Dejó de ser el equipo al que los demás respetan antes de pisar la cancha.
El desgaste de un ciclo que parece haber llegado a su fin
André Jardine llegó al América como un entrenador ordenado, inteligente y capaz de potenciar un plantel profundo. Sus primeros torneos lo confirmaron. Pero el 2025 se lo llevó por delante.
La pregunta es inevitable:
¿Debe seguir Jardine al frente del América?
Desde lo futbolístico, los argumentos para sostenerlo se han ido desvaneciendo. Su equipo perdió identidad, dejó de competir con la misma intensidad y ya no domina los partidos como antes. Los cambios tácticos no han surtido efecto, la gestión de momentos importantes ha sido deficiente y los errores se repiten sin correcciones visibles.
Desde lo emocional, la ruptura con la afición es evidente. El hincha americanista no tolera la mediocridad, y hoy, el equipo encarna justamente eso: un gigante que se acostumbró a perder.
¿Entonces?
El ciclo de Jardine en América está desgastado, y lo más sano para el club es un cambio de rumbo.
No se trata de desconocer lo que logró previamente, sino de aceptar que este equipo necesita una sacudida, una nueva voz y un nuevo liderazgo antes de que el declive se vuelva estructural.
El 2026 está a la vuelta de la esquina, y el América no puede permitirse otro año jugando a ser un equipo más del montón. La exigencia del club más grande del país no es negociable: competir siempre, ganar casi siempre y jamás normalizar el fracaso.
Hoy, la decisión está en manos de la directiva.
Y es una decisión que marcará el futuro inmediato del americanismo.




