Italia, al borde del abismo: una potencia histórica reducida a un solo sobreviviente en Europa

El fútbol italiano atraviesa una de las crisis más profundas de su historia moderna. Lo que durante décadas fue sinónimo de grandeza, dominio táctico y respeto internacional, hoy se ha transformado en una narrativa de eliminaciones, fracasos y pérdida de identidad competitiva. La Champions League, el máximo escenario del fútbol de clubes, es hoy el reflejo más crudo de esa decadencia: solo queda un representante italiano con vida: el Atalanta.

Los golpes han sido consecutivos y demoledores. El Napoli, vigente campeón de la Serie A, quedó eliminado en fase de liga de la Champions, incapaz de sostener en Europa lo que alguna vez dominó en Italia. El Inter de Milán, actual líder del Calcio, fue eliminado de manera humillante por el Bodø/Glimt, perdiendo tanto la ida como la vuelta en los 16avos de final.

La Juventus, símbolo histórico del poder italiano, también quedó fuera al ser superada por el Galatasaray, confirmando que el problema ya no es un club, sino todo un sistema.
Y el golpe simbólico es aún más fuerte: el AC Milan, el club más ganador de la Champions League, ni siquiera disputó competiciones europeas esta temporada. Un hecho impensable en cualquier época dorada del calcio.

Hoy, el único sobreviviente es el Atalanta, que carga solo con el peso de representar a toda una liga históricamente dominante. Un equipo que, aunque competitivo, no debería ser el único estandarte de una nación que construyó su identidad futbolística sobre la élite europea.

La crisis no se limita a los clubes. La selección italiana jugará repechaje para intentar clasificar al Mundial, torneo al que no asiste desde 2014. Una potencia histórica del fútbol mundial que hoy ni siquiera tiene asegurada su presencia en la máxima cita internacional. El síntoma es claro: el problema es estructural, no circunstancial.

Desde 2010, ningún club italiano ha ganado la Champions League. Quince años de sequía para una liga que alguna vez fue la más temida del mundo. La Serie A pasó de ser referencia global a convertirse en una liga exportadora de talento, dependiente de proyectos inestables y sin peso real en la élite europea.

Lo que vive hoy Italia no es una mala temporada: es una crisis de identidad futbolística. Falta de proyectos deportivos sólidos, mala planificación institucional, pérdida de competitividad internacional y una brecha cada vez mayor con las ligas dominantes de Europa.

La Champions League ha dejado un mensaje claro:
Italia ya no impone respeto.
Italia ya no intimida.
Italia ya no marca la agenda del fútbol europeo.

Hoy solo queda el Atalanta. Un solo escudo defendiendo una historia gigantesca.
Y eso, para una potencia como Italia, no es orgullo…
es una señal de alarma.

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